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27 febrero 2013

Hebreos 10:1-10


El sistema antiguo bajo la ley de Moisés era sólo una sombra (un tenue anticipo de las cosas buenas por venir), no las cosas buenas en sí mismas. Bajo aquel sistema, se repetían los sacrificios una y otra vez, año tras año, pero nunca pudieron limpiar por completo a quienes venían a adorar. Si los sacrificios hubieran podido limpiar por completo, entonces habrían dejado de ofrecerlos, porque los adoradores se habrían purificado una sola vez y para siempre, y habrían desaparecido los sentimientos de culpa. Pero, en realidad, esos sacrificios les recordaban sus pecados año tras año. Pues no es posible que la sangre de los toros y las cabras quite los pecados. Por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios: «Tú no quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado. Pero me has dado un cuerpo para ofrecer. No te agradaron las ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado. Luego dije: “Aquí estoy, oh Dios, he venido a hacer tu voluntad como está escrito acerca de mí en las Escrituras”». Primero, Cristo dijo: «No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado; ni ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado; ni te agradaron» (aun cuando la ley de Moisés las exige). Luego dijo: «Aquí estoy, he venido a hacer tu voluntad». Él anula el primer pacto para que el segundo entre en vigencia. Pues la voluntad de Dios fue que el sacrificio del cuerpo de Jesucristo nos hiciera santos, una vez y para siempre.

26 febrero 2013

Salmo 40:9

Dios mío, tú bien sabes que no he guardado silencio. Siempre he dicho que eres justo. A todo el mundo le he dicho que tú eres fiel y salvas. No le he ocultado a tu pueblo tu gran fidelidad. 

17 febrero 2013

Mateo 13:31-32


La siguiente es otra ilustración que usó Jesús: «El reino del cielo es como una semilla de mostaza sembrada en un campo. Es la más pequeña de todas las semillas, pero se convierte en la planta más grande del huerto; crece hasta llegar a ser un árbol y vienen los pájaros a hacer nidos en las ramas».

16 febrero 2013

Romanos 13:1-2

Todo el mundo debe obedecer a las autoridades constituidas, porque Dios, la máxima autoridad, es quien las ha establecido en sus cargos respectivos. No hay gobierno en la tierra que haya llegado a ejercer su autoridad sin el permiso de Dios. Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad, se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden, recibirán castigo. 

15 febrero 2013

Romanos 12:2-21

No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta. Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí, más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien, determinadas cosas. Por lo tanto, si Dios te dio la capacidad de profetizar, habla con toda la fe que Dios te haya concedido. Si tu don es servir a otros, sírvelos bien. Si eres maestro, enseña bien. Si tu don consiste en animar a otros, anímalos. Si tu don es dar, hazlo con generosidad. Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, toma la responsabilidad en serio. Y, si tienes el don de mostrar bondad a otros, hazlo con gusto. No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad. Aborrezcan lo malo. Aférrense a lo bueno. En el amor entre hermanos, demuéstrense cariño, estimando a los otros como más dignos. Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. Alégrense por la esperanza segura que tenemos. Tengan paciencia en las dificultades, y sigan orando. Estén listos para ayudar a los hijos de Dios cuando pasen necesidad. Estén siempre dispuestos a brindar hospitalidad. Bendigan a quienes los persiguen. No los maldigan, sino pídanle a Dios en oración que los bendiga. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros. No sean tan orgullosos, como para no disfrutar de la compañía de la gente común. ¡Y no piensen que lo saben todo! Nunca devuelvan a nadie mal por mal. Compórtense de tal manera, que todo el mundo vea que ustedes son personas honradas. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras: «Yo tomaré venganza; Yo les pagaré lo que se merecen», dice el SEÑOR. Pero, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, si tiene sed, dale de beber, así le sacarás los colores a la cara. No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.

14 febrero 2013

Jeremías 52:17

¡Ah, Señor mi Dios! Tú, con tu gran fuerza y tu brazo poderoso, has hecho los cielos y la tierra. Para ti no hay nada imposible. 

12 febrero 2013

¿Qué es la Palabra "Rhema"?


El término “palabra” traduce con frecuencia en las Escrituras la voz hebrea “da·vár” y la griega “ló·gos”, que en la mayoría de los casos se refieren a una idea, dicho o declaración completos. Por ejemplo, la frase «Palabra (logos) de Dios» que aparece en el Nuevo Testamento, muchas veces se refiere a las Escrituras del Antiguo Testamento (Tanaj). Sin embargo, para referirse a una sola palabra, en griego se utiliza el término “rhe·ma”, el cual aparece más de 60 veces en el Nuevo Testamento.
Para apreciar con mayor claridad lo que comprende la palabra “rhema”, veamos algunos ejemplos de sus usos en las Escrituras:
·         “… Las Escrituras dicen: ‘La gente no vive sólo de pan, sino de cada palabra (rhema) que sale de la boca de Dios’” (Mateo 4:4).
·         “… El día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra (rhema) inútil que hayan dicho” (Mateo 12:36).
·         “Pedro juró: — ¡Que me caiga una maldición si les miento! ¡No conozco al hombre! Inmediatamente, el gallo cantó. De repente, las palabras (rhema) de Jesús pasaron rápidamente por la mente de Pedro: «Antes de que cante el gallo, negarás tres veces que me conoces». Y Pedro salió llorando amargamente” (Mateo 26:74-75).
·         “Jesús llevó a los doce discípulos aparte y dijo: «Escuchen, subimos a Jerusalén, donde todas las predicciones de los profetas acerca del Hijo del Hombre se harán realidad. Será entregado a los romanos, y se burlarán de él, lo tratarán de manera vergonzosa y lo escupirán. Lo azotarán con un látigo y lo matarán, pero, al tercer día, resucitará». Pero ellos no entendieron nada de esto. La importancia de sus palabras (rhema) estaba oculta de ellos, y no captaron lo que decía” (Lucas 18:31-34).
·         “Los que pertenecen a Dios escuchan con gusto las palabras (rhema) de Dios…” (Juan 8:47).
·         “… Las palabras (rhema) que yo digo no son mías, sino que mi Padre, quien vive en mí, hace su obra por medio de mí” (Juan 14:10).
El “rhema” es una palabra específica inspirada por el Espíritu Santo como respuesta o guía para una situación concreta. Esta puede venir a nosotros en diferentes maneras; por ejemplo, al leer la Biblia, de pronto, el Espíritu Santo da nueva vida a un versículo o palabra con un poder sobrenatural en nuestro espíritu para que la tomemos para nuestra vida. Este “rhema” puede tener diversos objetivos, tales como: enseñarnos, dirigirnos, consolarnos, ubicarnos en una función o un ministerio específico, entre otros.
Siendo que la palabra “rhema” es revelada por el Espíritu Santo a nuestras vidas, no debemos tomarla a la ligera, como por ejemplo, pensar en que es aquella palabra que simplemente “me llame más la atención”. La palabra “rhema” es mucho más que eso: “… Las palabras (rhema) que yo les he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63), por lo que no es nuestra imaginación o nuestro deseo humano el protagonista cuando recibimos una palabra “rhema”, sino Su Espíritu Santo, revelándonos el mensaje.
Una palabra “rhema” puede darle un giro de 180° a cualquier área de nuestra vida… He allí la importancia de escucharla atentamente y obedecerla con la actitud correcta, pues el Señor dijo:
“… Si ustedes permanecen en mí y mis palabras (rhema) permanecen en ustedes, pueden pedir lo que quieran, ¡y les será concedido!” (Juan 15:7).

2 Corintios 9:6-8

Recuerden lo siguiente: un agricultor que siembra sólo unas cuantas semillas obtendrá una cosecha pequeña. Pero el que siembra abundantemente obtendrá una cosecha abundante. Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría. Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras.

11 febrero 2013

El Poder de la Pregunta

Conferencia dictada por el Apóstol Henry Hernández... Excelente!!!

http://www.goear.com/listen/f2607e5/el-poder-de-la-pregunta-henry-hernandez

¿Cómo Orar?


Cuando oramos, Dios interviene en el mundo, cumpliendo Su Propósito Eterno; en otras palabras, su Reino manifestado en la tierra. Debemos orar a Dios con base en Su Palabra, expresando Su voluntad en lo que Él ha hablado. Cuando Dios le dio al ser humano dominio sobre la tierra, Él le dio la libertad de legalmente funcionar como su autoridad. No obstante, debemos recordar que ningún ser humano puede funcionar apropiadamente o alcanzar todo su potencial fuera de la voluntad de Dios, porque fuimos diseñados para movernos en alineación con los planes de Dios. Así como el creador de un producto sabe cómo lo diseñó para que funcionara, Dios sabe cómo nosotros debíamos funcionar, y ha provisto ese conocimiento en Su Palabra. Por consiguiente, como ya hemos visto, la clave para la oración eficaz yace en el entendimiento del propósito de Dios en general y como individuos en particular, el cual, siempre nos va a conducir (el propósito de Dios) a la gloriosa manifestación de Su Reino. De esta forma, la voluntad de Dios llega a ser la autoridad de nuestras oraciones: “Y, como sabemos que él nos oye cuando le hacemos nuestras peticiones, también sabemos que nos dará lo que le pedimos” (1 Juan 5:15 - NTV). La verdadera oración manifiesta lo que Dios ya ha propuesto y predestinado. El propósito de Dios debe ser tanto la motivación como el contenido de nuestras oraciones. En otras palabras, El propósito de Dios es la "materia prima" de la oración. Sin la Palabra de Dios, nuestras oraciones no tienen fundamento. Éstas estarían basadas meramente en nuestras opiniones, deseos y sentimientos, y no en "la eterna y viviente Palabra de Dios" (1 Pedro 1:23). Tales oraciones son insuficientes para efectuar un cambio.
Todo el poder de Dios está a la disposición de la persona que verdaderamente ora. Dios quiere usar Su poder en el mundo; sin embargo, para que Él lo haga, nosotros debemos entender cómo apropiarnos de Su Palabra al pedirle cualquier cosa en oración, y decretar proféticamente por el Espíritu la manifestación poderosa de Su Reino en cada una de las áreas que se nos muestren:
“Y el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios. Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de los que lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos. Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo, a fin de que su Hijo fuera el hijo mayor de muchos hermanos. Y, después de haberlos elegido, Dios los llamó para que se acercaran a él. Y, una vez que los llamó, los puso en la relación correcta con él. Y, luego de ponerlos en la relación correcta con él, les dio su gloria” (Romanos 8:26-30).
A pesar de que la oración, en realidad, es muy simple, puesto que es enunciar la Palabra de Dios exactamente como Él nos la dio, hay quienes han asumido una actitud religiosa y conformista al respecto, concibiendo a la oración como el momento en donde le damos a Dios nuestra lista del mercado o de quejas. No obstante, por su sublime gracia, a nosotros se nos ha revelado cómo debemos orar: con una mentalidad de gobierno, proclamando la verdad presente en la Palabra de Dios, y decretando proféticamente para este tiempo lo que el Espíritu dice, manifestando así Su Reino... Así que:
“Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión…” Efesios 6:18

Juan 3:6-8

Lo que nace del ser humano es vida humana; lo que nace del Espíritu de Dios es vida espiritualmente renovada. No te sorprendas si te digo que hay que nacer de nuevo. Esto es como el viento, que lo oyes soplar, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va; tampoco sabemos cómo actúa el Espíritu en quienes nacen a la nueva vida que de él procede. 

10 febrero 2013

Cuestión de Gratitud


Desde tiempos remotos, se han presentado ofrendas a Dios. Las primeras ofrendas de las que hay registro son las primicias del suelo que presentó el hijo mayor de Adán, Caín, y los primogénitos del rebaño que ofreció su hijo más joven, Abel. Tanto la actitud como los motivos debieron diferir, pues Dios aprobó la ofrenda de Abel, pero miró con desaprobación la de Caín. La fe de Abel lo movió a presentar una ofrenda que requería derramar sangre, prefigurando así con exactitud el verdadero sacrificio por los pecados: Jesucristo (Hebreos 11:4).
Después de salir del arca, Noé ofreció al Señor un sacrificio de acción de gracias, y a continuación el Señor celebró el pacto del “arco iris” con él y su familia. Posteriormente, leemos que los fieles patriarcas presentaron ofrendas a Señor (Génesis 31:54). El más notable y significativo de los sacrificios antiguos fue el intento de Abraham de ofrecer a Isaac por mandato del Señor. Cuando Dios observó la fe y la obediencia de Abraham, le proveyó bondadosamente un carnero en sustitución para el sacrificio. Este acto de Abraham prefiguró la ofrenda que el Señor haría de su Hijo unigénito: Jesucristo (Hebreos 11:17-19).
Todos los sacrificios efectuados bajo el pacto de la Ley señalaban a Jesucristo y su sacrificio, o a los beneficios que se derivan de dicho sacrificio. (Hebreos 8:5). Así como Jesucristo fue un hombre perfecto, todos los animales sacrificados también tenían que ser sanos y sin tacha (Levítico 1:3, 10). Tanto el israelita como el residente forastero que adoraba al Señor tenían que presentar las diversas ofrendas (Números 15:26-29).
“Por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios: «Tú no quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado. Pero me has dado un cuerpo para ofrecer. No te agradaron las ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado. Luego dije: ‘Aquí estoy, oh Dios, he venido a hacer tu voluntad como está escrito acerca de mí en las Escrituras’». Primero, Cristo dijo: «No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado; ni ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado; ni te agradaron» (aun cuando la ley de Moisés las exige). Luego dijo: «Aquí estoy, he venido a hacer tu voluntad». Él anula el primer pacto para que el segundo entre en vigencia. Pues la voluntad de Dios fue que el sacrificio del cuerpo de Jesucristo nos hiciera santos, una vez y para siempre” (Hebreos 10:5-10).
            En el Nuevo Pacto que vivimos, no necesitamos ofrendar para recibir el perdón de pecados (pues para eso Cristo se ofreció), ni para recibir el favor de Dios… El favor o la bendición de Dios la recibimos por gracia cuando nos rendimos a Él: ya somos bendecidos; y ahora, cuando ofrendamos, lo hacemos como muestra de nuestra eterna gratitud al Señor.
Está claro que debido a que el propósito de la ofrenda no es el mismo que en la Ley, no necesitamos sacrificar ningún animal a Dios, pues ya el derramamiento de la sangre de Cristo fue hecho una vez y para siempre como un sacrificio perfecto por nosotros. Sin embargo, el mismo principio que está presente en los diezmos se encuentra en las ofrendas: es para la extensión efectiva del Reino de Dios (Hechos 4:34-35), con la diferencia que cuando ofrendamos, no entregamos la décima parte de lo recibido, sino que es algo voluntario.
Que la ofrenda sea voluntaria, no implica que sea escasa; de hecho, siendo que es una muestra de nuestra gratitud a Dios, y que entendemos la importancia de ella para la extensión del evangelio, no debe ser escasa; por el contrario, debe superar con creces lo que diezmamos. Al apóstol Pablo se le reveló esto, y pudo ver cómo la prosperidad financiera está estrechamente vinculada con la generosidad de nuestra ofrenda (2 Corintios 9:6,11). En otras palabras: “Mientras más ofrendes, más te prosperará financieramente el Señor, para que sigas ofrendando en su Reino con mayor libertad”; ése es el principio, y es una cuestión de gratitud… Tu ofrenda habla de tu nivel de agradecimiento a Dios. Ya deja de agradecer sólo con tus palabras, y actúa!

Entrenados para Ejercer nuestro Lugar de Gobierno

Conferencia dictada por el Apóstol Henry Hernández... Entrenamiento de Alto Nivel!!!

http://www.goear.com/listen/a2c6246/entrenados-para-ejercer-nuestro-lugar-de-gobierno-henry-hernandez

El León y el Ratón

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león, y rápidamente atrapó al ratón; a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reír y lo dejó marchar. Pocos días después, unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.- Días atrás - le dijo -, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.
"Por lo tanto, es Dios quien decide tener misericordia. No depende de nuestro deseo ni de nuestro esfuerzo" (Romanos 9:16).

09 febrero 2013

Obediencia Incondicional


El diezmo es la décima parte de las ganancias que Dios reclama como suya en Levítico 27:30. Dando el diezmo, el pueblo se mostraba como mayordomo fiel de Dios, quien es el dueño de todo. El Señor no necesita el apoyo financiero del ser humano, porque de él es el mundo y su plenitud. Ahora bien, que Abraham entregara los diezmos a Melquisedec como sacerdote de Dios (Génesis 14:18-20), quien lo bendijo por el “Dios Altísimo, Creador de los cielos y la tierra", demuestra que quienes adoraban al verdadero Dios comprendieron desde muy temprano el principio del diezmo. Asimismo, Jacob prometió dedicar "una décima parte" a Dios (Génesis 28:22). Bajo el sistema levítico, Dios ordenó que los diezmos de Israel se dedicaran al sostén de los levitas, en vista de que éstos no habían recibido territorio como herencia, y con el fin de que pudieran emplear todo su tiempo a ministrar en el templo y a instruir a la gente acerca de la ley de Dios (Números 18:21). Los levitas, a su vez, diezmaban de lo que ellos recibían del pueblo (Números 18:26-28). El profeta Malaquías reprendió la tendencia de Israel al descuido en la práctica del diezmo (Malaquías 3:8-11). Retenerlo, dijo, es robar a Dios, y caer bajo una maldición. Inversamente, sobre los que fielmente lo entregan, Dios promete abrir "las ventanas de los cielos" (v 10).
El mandato del diezmo no fue repetido explícitamente por ningún escritor en el Nuevo Pacto. Sin embargo, en vista de que Abraham, como algo normal, lo entregó siglos antes de la formación del código levítico, es evidente que el deber y la práctica del diezmo existía mucho antes del sistema levítico, y no era exclusivo de él. El principio del diezmo descansa en el hecho de que el mantenimiento del ministerio al Señor sea garantizado. En este sentido, comprendemos claramente por qué Pablo cuando les escribió a los corintios acerca de su autoridad como apóstol, les refirió acerca de su derecho como tal de vivir con los beneficios materiales que el propio evangelio le pudiese aportar (1 Corintios 9:7-14). Aun cuando no habló explícitamente del diezmo, cuando escribió acerca de los que trabajaban en el templo, obviamente se refería al pueblo judío, el cual sabemos que diezmaba.
Como iglesia del Señor, estamos llamados a sostener la obra del evangelio a través de nuestras finanzas y bendiciones materiales. Por supuesto, que no debemos tomar el principio del diezmo como una práctica religiosa (Mateo 23:23), sino aplicarlo con todo el entendimiento de que al diezmar, estamos obedeciendo incondicionalmente al Señor en la proclamación del evangelio (Mateo 28:19; 1 Corintios 9:23). En el Nuevo Pacto, ya fuimos bendecidos y caminamos bajo cielos abiertos.
Ahora bien, el profeta Malaquías vivía en un pacto inferior, y bajo esa perspectiva, escribió acertadamente en su momento acerca de los diezmos y las ofrendas. No obstante, recordemos que “no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús” (Romanos 8:1), pues vivimos bajo el pacto de la gracia, no de la ley. Si no diezmamos, no es que estaremos bajo maldición, pero al dejar de aplicar principios efectivos en el Reino, nos quedamos cortos en cuanto a la efectividad que debemos tener, y es donde pasamos por diversas situaciones que producen “la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados” (Hebreos 12:11).
Nosotros diezmamos, porque se nos ha revelado el principio detrás del mandato, y al hacerlo, manifestamos su Reino en todo lugar, a través de la predicación de Su Palabra. Dicho de otra forma: “ni el temor a la maldición, ni el deseo de la bendición nos mueven a diezmar” (Gálatas 3:9-13), pues no somos unos religiosos legalistas. Cristo se hizo maldición por nosotros, y ahora, la iglesia camina bajo la bendición de Dios, aplicando principios de Reino en pro de la extensión poderosa del Gobierno del Señor. Estos principios no incluyen los diezmos nada más, sino a las ofrendas (por ejemplo). Por ahora, “le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios” (Efesios 1:17), de manera que, con una obediencia incondicional, entreguen los diezmos oportunamente al Señor de ahora en adelante.

Mateo 5:15

Nadie enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón. Todo lo contrario: la pone en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en la casa.

04 febrero 2013

Lucas 6:38

Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.

03 febrero 2013

Filipenses 1:15

Es cierto que algunos anuncian el mensaje de Cristo movidos por envidia y con el deseo de causar problemas. Pero estoy seguro de que otros lo hacen con buenas intenciones.

01 febrero 2013

Jeremías 1:7-8


—No digas: “Soy demasiado joven” —me contestó el SEÑOR—, porque debes ir dondequiera que te mande y decir todo lo que te diga. No le tengas miedo a la gente, porque estaré contigo y te protegeré. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!